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400 años del 2º Quijote

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El rico refranero español recoge en sus dichos una serie de conclusiones a las que se llega por la constatación reiterada de los hechos. Así, se dice: “segundas partes nunca fueron buenas”. Es decir, y concretamente en el caso de los libros, si un tema tiene éxito, y se convierte en best seller, el escritor lo desarrolla interminablemente creando, en muchas ocasiones, verdaderos culebrones. También se suele dar el caso de la toma prestada por parte de otros artistas del argumento, personaje, situaciones… algo que, de alguna forma, les permite compartir, si no prestigio, ganancias económicas.

Esto es lo que le sucedió a Miguel de Cervantes Saavedra con El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, publicado por primera vez en Madrid en la imprenta de Juan de la Cuesta el año 1605. Su aparición tuvo una muy buena acogida en la España del momento, de tal forma que en los dos años posteriores más de la mitad de la población lectora la había leído o escuchado. Las andanzas de aquel maduro caballero andante con su fiel escudero parodiaban toda la novela de caballería, género literario predominante en el siglo XV y XVI. Quizás, en Europa habían empezado a correr nuevos aires o, quizás, se había llegado a un más alto grado de madurez, y el hombre buscaba ya la verificación o contestación de los hechos, un más alto grado de realismo en la obra escrita, fuera científica o literaria.

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La obra cervantina fue rápidamente traducida a otros idiomas, convirtiéndose en una de las obras maestras de la literatura mundial, pero también fue plagiada en España por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, o también de Tordesillas, posiblemente un seudónimo de otro escritor contemporáneo. Se imprimió en Tarragona el año 1614 como una segunda parte conocida actualmente como el Quijote de Avellaneda.

Esta nueva publicación debió molestar bastante a Cervantes, por lo que en 1615 sacó en la misma imprenta madrileña su propia segunda parte bajo el nombre de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

En ésta segunda obra, que para muchos estudiosos supera a la primera, aquel buen loco, aunque sigue recorriendo aún los caminos para defender al débil, a mujeres, jóvenes y ancianos, ha recobrado la cordura. De gran dureza son los capítulos que dedica a la nobleza española, retratada en los duques que se burlan cruelmente de Sancho al nombrarlo gobernador de la Ínsula de Barataria. Pero el capítulo más sobresaliente de esta parte es el episodio de la Cueva de Montesinos.

El Quijote fue traducido al inglés en 1612 y dos años más tarde, al francés. La influencia cervantina ha sido enorme en gran número de escritores como Shakespeare, Daniel Defoe, Dickens, Schopenhauer, Kafka, Mark Twain, Unamuno, Mújica Lainez, Borges, Gogol, Dostoyeski, Tolstoi, Flaubert, Daudet…., quienes han reconocido estar en deuda con el Quijote, habiendo sido de inspiración para alguna de sus obras. La facilidad de leer la obra por parte de los extranjeros se debe a una buenas traducciones, las cuales correspondían a la lengua del momento de la reinterpretación, y el lector francés, inglés, italiano…  lo comprendían perfectamente y se deleitaban con la magnífica narración. No existía, pues, esa carga en el proceso de recodificación a otra lengua, solo una sabia adaptación a otra cultura.

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La gran cantidad de ediciones del Quijote en el tiempo en lengua castellana, obligó a la Real Academia de la Lengua a depurar los diversos textos impresos en la edición de 1780, revisada y cotejada por Vicente de los Ríos. Ya en el siglo XX, destacaron las ediciones de los estudiosos Francisco Rodríguez Marín y de Francisco Rico. En 2005, coincidiendo con el IV centenario de la salida de imprenta de la Primera parte, la Real Academia de la Lengua y el Instituto Cervantes la publicaron de nuevo bajo la dirección de Francisco Rico.

Actualmente con motivo del IV centenario de la Segunda parte se ha llevado la prosa cervantina al lenguaje actual español, una adaptación del habla del siglo XVI a nuestros días por Andrés Trapiello. Con este proyecto se intenta llegar a muchos hispanohablantes que no han podido leer el Quijote ya que el texto corresponde a un lenguaje de comienzos del siglo diecisiete con una sintaxis y lexicología de ese momento. A todos ellos se le abre la oportunidad de gozar de la novela en una lectura diacrónica, en la lengua con la que hoy nos comunicamos.

Y para terminar, comentar por una parte que sí; que a veces, segundas partes fueron buenas, y de otra, invitar a leer o releer el Quijote estas vacaciones. La Red de Bibliotecas municipales de Córdoba oferta a sus usuarios esta gran obra de la literatura española.

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